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Les preguntamos sobre cómo comenzó toda esta aventura. Les preguntamos sobre lo agrio y lo dulce de todos estos años. También, sobre la evolución que ha tenido el Pedregal Azteca a lo largo de tres décadas. Juan Manuel Ramos, María Balarezo y su hijo Pablo Ramos, nos recibieron en el lugar que acoge gastronomía, cultura y pasión.

El Pedregal ajusta treinta años de historias. Nos sentamos a conversar con la familia Ramos Balarezo, que -siguiendo una conexión natural- quiso traer un pedazo de México a los cuencanos, hacer sentir a ese país a través de sus sabores, expresiones artísticas, cuadros y detalles que hacen del Pedregal Azteca un sitio único. Basta hurgar un poco en las opiniones en redes sociales, para percatarnos de que incluso turistas que estuvieron de paso por Cuenca, y que han probado comida mexicana en todas partes, elogian el sabor del Pedregal como el mejor que han degustado. Pero hay mucho más, conversar con esta familia es abrir toda una enciclopedia sobre la cultura de México.

“A lo largo del tiempo ha funcionado, sobre todo, el hecho de que haya sido un proyecto cultural, que lo hemos ido trabajando todos estos años, me ha permitido vivir tranquilo porque me siento cerca de México y estoy haciendo cultura mexicana. Se ha convertido en nuestro lema esto de preservar los sabores y la tradición, fue una cosa patriótica y ética. Además de la comida, se han ido derivando otras manifestaciones culturales como la música, las costumbres, baile, presentaciones, y lo hemos difundido de una forma interesante,” expresa Juan Manuel Ramos.

Su compañera de travesía, María Balarezo, fue clave para el aterrizaje del sueño. Vivió por una década en México y aprendió a amar la cultura mexicana, a partir de la visión académica. Con ella, charlamos sobre los contrastes en sabores de la experiencia del Pedregal. María cuenta: “Nos insertamos en la vida cultural de Cuenca, como difusores de la cultura mexicana. En cuanto a la gastronomía siempre nos preocupamos por lograr calidad en la comida mexicana con los productos de Cuenca, y hace treinta años fue complicado, fue un trabajo arduo.”

Con respecto a los cambios y evolución de estos treinta años, Pablo Ramos opina: “Quizás nosotros desde dentro no percibimos lo que notan los clientes. Pero por supuesto, ahora veo todo ese trabajo que se ha hecho y lo dura que va a ser la tarea que viene. Mantener algo logrado es difícil. Lo que se viene adelante es retador, y estoy dispuesto a continuar con esto.” Y lo que no podía faltar, debíamos preguntar a la familia sobre su plato preferido del Pedregal, quieren saber? ¡A reproducir el video!

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