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El Sucré Salé (Dulce Salado) lo inició un francés en Cuenca, en el 2009. Y dos años más tarde, Cris Mora, era ya su propietaria. Con el arte en la cabeza, le dio la vuelta al lugar.

Para pintarles el cuadro completo: Cris es una chica de 31 años, y cuando esta cafetería pasó a sus manos, tenía apenas 22. Dos cosas eran claras para ella. Amaba el arte, pero también la cocina. Inicialmente en sociedad con Elisa Molina, luego sola, puso de cabeza al Sucré Salé con esa visión del disfrute del café y la música. “Fue toda una aventura, nos dijeron que no nos iría bien. Siempre pensamos en el concepto de la cultura. Hacíamos conciertos esporádicamente, lectura de poesía y esas cosas. Me encanta la música, mi papá es músico (baterista), mi abuela canta, y yo, música frustrada. Si no seguía gastronomía, hubiera elegido música. Estuve en el Conservatorio, en piano, guitarra. Pero también amo la cocina y quería unir eso. Me acuerdo que cuando estaba en la U. de Cuenca, como proyecto ya planteé en ese tiempo un Café de jazz. Fue mi sueño tener esto”, dice Cristina.

Y cómo será de conspiradora la vida, se le dio. Pasaba por el Sucré Salé y lo admiraba, sin saber que sería su espacio para implementar los planes. Cris cuenta que le gusta desde el rock hasta el blues, pero siente que el jazz en particular es un compañero perfecto para disfrutar de la comida. “Es un estilo de tanta trascendencia, y que tiene tantas posibilidades. Por eso, lo quería tener aquí. Ahora, algo fijo y característico del café, son los martes de jazz. Contamos con el grupo en vivo, Esteban Encalada es el músico del Sucré Salé.” Cris admite que se lanzó al ruedo con esta idea con algo de miedo, porque los martes siguen siendo muy tranquilos en Cuenca. Al poco tiempo, la gente llenaba todas las mesas y fue un éxito. Se agregó el jueves de trova, con el artista Kike Pachérrez como invitado de la casa. Músicos viajeros también pasan por el lugar, con fechas concretas.

Cristina es de las que -cada tanto- cambia la decoración, reinventa el menú, no se queda detenida. Como el café arrancó siendo francés, se habían posicionado ciertos productos: el famoso Crême brûlée, el volcán de chocolate y la quiche, que se mantienen hasta ahora como clásicos. “Como todo evoluciona, nosotros también. No me quiero enmarcar en una sola cosa. Incluso en la decoración hemos estado vinculados a la cultura con el trabajo de muralistas, ilustradores, caricaturistas. Ahora somos un Café Artesanal y Cultural, pero no me quiero quedar solo en eso. Tenemos nuevas metas. Queremos mantener la línea artesanal de nuestros productos. Que se sienta el sabor del pan, del café recién molido, los postres, sánduches, salsas. Y por supuesto, crear nuevos platos con productos andinos”, dice.

Una vez al mes, en Sucré Salé realizan Escena Nativa, con la participación de bandas ecuatorianas con música propia. Por ahí han pasado Los Perros de Fú, Los cascos de arena y otros. En noviembre estarán con Mr. Monkey y en diciembre tendrán a La Doble. Próximamente acogen la exposición de cuadros de Pablo Pesántez y la expo de fotografías de Daniela Idrovo de La Andariega. “Creo que el artista es especial. Quiero que esto sea para ellos. Y quiero que este siempre sea un espacio donde la gente se pueda expresar. Me fascina ver cómo las ideas y las propuestas van surgiendo de ellos. Eso es Sucré Salé, un ambiente relajado, en el corazón de la ciudad. Por eso nunca voy a poner un televisor aquí.”, comenta Cris.

Un buen postre con café, jazz o trova, ¿vamos?

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